27 agosto 2016

Conversaciones con Sergio Meier


El viernes 19 de agosto a las 18:30 horas se efectuó en la Librería "En el blanco", Blanco 1065, Valparaíso, el lanzamiento de este libro, cuyo prólogo es de Francisco Ortega. En él, Carlos Lloró narra numerosas conversaciones sostenidas con mi amigo y colega Sergio Meier (fallecido en 2009) a lo largo de los años, en donde se desglosan numerosas ideas y conceptos que fueron la pasión de "El Alquimista de Quillota", como le decían cariñosamente. Así, asistimos a largas pláticas en donde se tratan ciencia, alquimia, literatura, universos paralelos, agujeros negros y un largo etcétera. Meier era un estudioso de todos estos temas, siempre intrigado por ver qué había más allá, siempre anhelante de poder asomar la cabeza fuera de nuestra realidad. Yo mismo tuve varias conversaciones en su casa, en donde pude ver el interés que él tenía y la cierta pomposidad que le caracterizaba al hablar. Era muy expresivo y especial, algo que pueden apreciar en la gran entrevista que le hizo Cristián Warnken:


Han transcurrido ya 7 años desde su muerte y todavía tengo fresca la noticia en la mente. Lo apreciaba bastante, era un muy buen amigo con quien el tiempo se me pasaba volando al conversar. Siempre recordaré con cariño su hospitalidad en su casa de Quillota, las bromas e ideas que nos rondaban al reunirnos. Él quiso mantener su cáncer en secreto, seguramente para no preocupar a los demás, con lo cual su deceso nos pilló desprevenidos. Así es la vida, qué le vamos a hacer, lo importante es recordar a quienes ya no están con afecto y seguir adelante hasta que sea nuestra hora.
Agradezco a Carlos Lloró el haber sacado este libro, en donde se pueden apreciar mejor las ideas de Sergio.









Conversaciones con Sergio Meier
Carlos Lloró
Universidad de Valparaíso
Agosto 2016

29 agosto 2015

Cartelera de Cine - Miguel Acevedo


     Este es un libro (librito, mejor dicho, sin que el diminutivo sea despectivo) que escribió mi buen amigo/ñoño/friki Miguel Acevedo. Él es Profesor de Historia y —al igual que yo— desde niño aficionado al género fantástico. Durante los últimos años se ha dedicado a colocar entradas en su blog referentes a esos cines que frecuentábamos cuando niños/adolescentes. Finalmente, reunió todos esos escritos y los aglutinó en forma de libro, añadiéndole algunos textos extras. El resultado es una obra que con mucha sencillez —y no exenta de cierta nostalgia— nos abre aquel mundo ya perdido de las salas de cine, contándonos acerca de su emplazamiento e historia, además de alguna anécdota. Su prosa estila cariño por una época en donde el mercantilismo no estaba tan entronizado como ahora, cuando las funciones rotativas permitían que la gente pudiera quedarse a ver la película de nuevo sin tener que salir del cine y adquirir otra entrada, sin ser sancionado por traer golosinas de fuera o pagar sumas exhorbitantes por una simple bebida.

     Junto con narrar todo lo anterior, Miguel se dedica a adornar los textos con vivencias personales, detalles autobiográficos que se complementan con lo otro, demostrando la manera en que eso influyó en su vida. Al leerlo con detención nos adentramos en ese mundo, su mundo, haciéndonos partícipes de aquella época y —de paso— aprendiendo algo acerca de la historia reciente de nuestro entorno.

     El libro está impreso en un formato sencillo, cual folleto divulgativo, que engaña al vistazo general, no obstante, los puntos que ya mencioné lo hacen digno de sentarse al lado de otros más gruesos. No es solo nostalgia, sino historia y reflexiones que harán pasar más de un buen rato al lector. Y a quienes vivimos es época nos la traerá a la mente, fresca, como si hubiera acontecido ayer.

     El sitio del autor es:

     http://ledicenpoesia.blogspot.cl/

   Ahí pueden descubrir más acerca de él y adquirir el libro haciéndole llegar un mensaje.

     Cartelera de Cine
     Mayo 2015
     Ediciones Gatojurel
     Fonos 63200138 - 63080530

25 junio 2015

Lanzamiento de "Poliedro V"


El Viernes 3 de julio a las 19 hrs., en el Café Literario Parque Bustamante (Av.Providencia 410, Metro Salvador) se lanza el quinto volumen de esta antología chilena de cuentos de Ciencia Ficción, Fantasía y Horror. Esta obra es presentada por Grupo Poliedro y Editorial Bajo Los Hielos.

Presentan:
Claudia Andrade Ecchio
Doctora en Literatura Chilena, Universidad de Chile

J.H.Magno
Community Manager de Fantástica Chile

Moisés Hasson
Autor de Comics en Chile. Catálogo de Revistas (1908-2000)

También estarán presentes los escritores Armando Rosselot, Luis Saavedra y Sergio Fritz.

En esta antología se incluye mi relato "Cuando se fueron los vecinos".

Agradezco a la gente de la antología la invitación a participar.

30 diciembre 2014

Desierto de Atacama noviembre 2014


Entre los días 16 y 28 de noviembre hice un nuevo viaje en bicicleta al norte. Me fui en bus hasta San Pedro de Atacama y de ahí partí pedaleando hasta Copiapó. El único trayecto que tuve que hacer nuevamente en bus fue Antofagasta-Chañaral, ya que me iba a pillar el tiempo para llegar a tiempo donde mi amigo en la ciudad de destino.

El viaje estuvo maravilloso, lleno de sol, arena, viento, soledad y desolación, atravesando lo que antiguamente se llamaba el Despoblado de Atacama. Me faltaron 4 miserables kilómetros para llegar a un punto, pero el año que viene lo conseguiré. Para más detalles, pueden ver el reporte completo que hice en el foro de ciclismo al que pertenezco:


Adjunto algunas fotos y videos de mi experiencia:









11 enero 2013

Mi primer libro “Bajo un sol negro” en pdf para descargar gratis





He dejado el formato del papel para entrar de lleno en el libro digital. Lo hago porque me aburrí de trastear tanto con miles de hojas, encuadernación, corte, diseño, distribución, etcétera. Pero no importa, para eso existe el e-book. Además, el intentar con las editoriales resultó en fracaso y no quiero pasarme el resto de mi vida corriendo de una en otra. Acá hay un pequeño resumen de lo vivido:

Editorial Planeta chilena: Al editor le pareció bien escrita, no obstante, era ciencia-ficción y eso no vendía.
—Editorial española cuyo nombre no recuerdo (boté las cartas recibidas años atrás): En principio encontraron interesante mi novela, aunque al final no la publicaron.
—Equipo Sirius: Dos meses después de enviarles el contrato firmado para la publicación de mi space opera, dijeron que no lo iban a hacer.
—Grupo Ajec: Se suponía que mi antología saldría el primer semestre de 2011. Bueno, tuvo graves problemas económicos, así que no puedo esperar que la edición se concrete, no es su culpa y en todo momento fueron muy amables y caballeros conmigo.

Además de muchas otras en Chile y España que dijeron “No” a mis cartas/correos o simplemente los ignoraron.

Como dije antes, no importa, la tecnología nos ha brindado nuevos y maravillosos métodos con los cuales publicar, así que de todas maneras editaré mis obras. Seguramente algunos me seguirán reprochando lo de ser escritor autoeditado, pero eso es parte del juego. Sigo adelante con esto porque sé que voy por el camino correcto. No me creo la Octava Maravilla, mi ego es pequeño, sin embargo, considero que puedo aportar algo interesante a la escritura. Ha sido un camino esforzado, no exento de problemas, desde los que esgrimieron el típico “tus escritos nunca le interesarán a nadie” y terminando por cierto egocéntrico famosillo que dijo que yo era un mal escritor (en circunstancias que él envía unos correos que dan pena por lo mal redactados que están). No obstante, nunca me rendí y seguí adelante pese a los inconvenientes, pese a saberme un escritor tradicional (a veces lindando con lo "hard") dentro de un ambiente en que eso no gusta. Todo lo que he conseguido ha sido gracias a mi esfuerzo y a los buenos amigos que he cultivado a lo largo del mundo, sin necesidad de Padrinos Mágicos que le digan a los demás lo bueno que soy o que me regalen premios que no me merezco, ni Mafias de ningún tipo o perritos falderos que dediquen sitios enteros a mi adoración. Creo en el trabajo personal antes que otra cosa y así seguiré escribiendo.

Los enlaces para descargarlo son los siguientes:

Pdf:

Además, aprovecho de dejar los dos primeros capítulos de mi space opera “Hacia otros Universos” como anticipo a su publicación digital durante los próximos meses:


Espero que les agraden mis obras y disfruten de su lectura.

Saludos.

09 julio 2012

Anticipación, el arte de predecir el futuro


El futuro imaginado. Con este título mi amigo y colega Omar Vega lanzará su libro el día 24 de este mes a las 19:00 horas en la Terraza de Lectura de la Biblioteca de Santiago, Matucana 151, Metro Quinta Normal. Trata, como dice el título, sobre el futuro y cómo ha sido visto a través de la historia y los métodos modernos para predecir lo que vendrá. Más información pueden obtenerla en su blog:


Me alegro mucho de que Omar publique su primer libro en papel y espero que tenga buena acogida entre el público.

Me retiro a seguir repasando la versión en PDF de mi space opera y sus continuaciones.

25 abril 2011

¡Pedalea, pedalea!

Este relato lo escribí inspirado en aquellos imbéciles que de vez en cuando veo pasar hechos una bala entre la gente. Me dije: ¿qué sucedería si alguno de ellos estuviese...? y salió esto. La bicicleta es mi segunda gran afición después de la escritura, tal como pueden colegir de mi entrada anterior.

¡Pedalea, pedalea!

Teobaldo Mercado Pomar

Inscrita en el Registro de Propiedad Intelectual con el Nº194.055




Eduardo apoyó ambas manos sobre el centro del manubrio de su moto, mirando alrededor con aire casual. Todo se veía tranquilo en aquella primaveral tarde de domingo. La gente paseaba con sus amigos y familia a orillas del río. Un escaso tráfico circulaba por las calles y, a menos de diez cuadras, había una gran plaza con juegos infantiles. Envidió un poco a quienes podían disfrutar de un fin de semana normal. En cuanto llegase su compañero le preguntaría cómo...

Un grito a sus espaldas lo sobresaltó. Giró rápidamente la cabeza y vio a una pareja de jóvenes que miraban a un ciclista con enfado. El sujeto iba en la típica mountain bike con que muchos subían a los cercanos cerros. Aparentaba unos treinta y algo, usaba casco, espejo retrovisor, guantes, llevaba luces y reflectantes en el marco; en síntesis, parecía alguien que cumplía con la ley. Pero iba pedaleando como un enajenado por aquella vereda junto al río, rozando a los peatones como si estuvieran pintados en el suelo y lo siguiese una manada de velociraptores.

—Adiós tranquilidad —murmuró Eduardo y encendió el motor.

Salió en pos del ciclista, lamentando que ya hubiera alguien ebrio o drogado tan temprano, quizás proveniente de alguna fiesta sabatina que no había querido terminar aún. Aceleró por la calle, desplazándose en paralelo hasta alcanzar al hombre una cuadra más adelante.

—¡Señor, deténgase! —ordenó desde poco más de dos metros de distancia. El otro lo miró un segundo y la desesperación fue patente en su rostro; era la mirada de alguien asustado, no la de un borracho o drogadicto.

Eduardo se subió a la vereda, situándose al lado del otro. Una mujer joven con un bebé en brazos se cruzó en su camino y ambos se abrieron para evitarla.

—¡Deténgase, le digo! —exigió Eduardo, volviendo junto al ciclista, pero esta vez desde la calle.

—¡No puedo, mi cabo, me está persiguiendo! —gritó mientras maniobraba entre una hilera de bancos.

Eduardo se preguntó qué le estaría sucediendo al sujeto, quizás sufría de alucinaciones. ¿A lo mejor no se habría tomado sus pastillas? Miró rápidamente hacia atrás, no viendo a nadie que viniese tras ellos.

—Mierda —murmuró con algo de rabia mientras pensaba en la mejor manera de detener al otro sin dañarlo para que nadie alegase brutalidad policial.

Un automóvil que doblaba por la calle tuvo que efectuar un brusco frenazo para no colisionar con el motorista. Eduardo pasó junto al vehículo haciendo una pequeña pirueta y así no estrellarse contra un poste del alumbrado. Aceleró un poco, ya que su objetivo le había sacado algo de ventaja.

—¡Por última vez, señor, deténgase! —gritó.

—¡Le dije que me sigue!

—¡Atrás no viene nadie, hombre, pare!

Eduardo iba a cruzarse en el camino de la bicicleta cuando escuchó un grito a sus espaldas. Redujo la velocidad antes de girar la cabeza y ver a una joven rodar por el pasto. Miró al frente para ver que estaba despejado y luego volvió la vista atrás; un instante después, un tacho de basura salía volando sin que nadie lo tocase. Eso lo confundió, pues no tenía sentido. Siguió su marcha paralelo al ciclista, el que dijo:

—¡Sólo se puede ver con los espejos, no con los ojos!

Eduardo estuvo tentado de mandarlo a freír espárragos, sin embargo, sentía algo extraño en el aire. Dio un vistazo a los espejos y vio una figura borrosa que pasó por ellos. Un escalofrío lo recorrió y casi perdió el control de su máquina. Atravesó entre dos automóviles detenidos en una luz roja sin darse cuenta.

—¿Lo ve? —preguntó el ciclista, transpirando copiosamente por el esfuerzo.

Eduardo miró para atrás sin distinguir nada. No obstante, al usar los espejos retrovisores, una figura se perfiló con nitidez. El asombro y el miedo lo recorrieron en cantidades iguales, pues lo que veía no podía ser, no podía existir algo así. Tragó saliva y el hombre lo miró fijamente un momento antes de seguir pendiente del camino.

—¡Huevón! —gritó un transeúnte al ser casi atropellado por la motocicleta.

El asombrado Eduardo se tragó una disculpa mientras miraba por el espejo la cosa que venía tras ellos. Era grande, más de dos metros, semejante a un oso de pie; pero con piernas más delgadas que usaba para correr con una agilidad asombrosa. Su pelambre era corto y la cabeza tenía un par de grandes ojos que miraban con frialdad por sobre una enorme boca manchada con sangre.

—¡Me viene siguiendo de los cerros! —contó el ciclista— ¡Ayúdeme, haga algo!

—¿Qué voy a hacer? —preguntó el uniformado.

En verdad, ¿qué iba a hacer? ¿Pedir refuerzos? ¿Le creerían si decía que lo seguía una bestia invisible al ojo humano? No tenía idea acerca de cómo actuar, era una situación para la que no lo habían entrenado en la Escuela de Carabineros. En el mejor de los casos, ¿cómo detener o dispararle a algo que no se ve a simple vista? Supuso que con infrarrojos o sensores térmicos sería capaz de seguirle la huella de calor, pero no tenía ese equipamiento...

—¡La laguna de la plaza! —exclamó el ciclista.

—¿Cómo?

—¡La laguna, hombre! —respondió, jubiloso y esquivó a una pareja con un perro, el cual se puso a ladrar hacia la criatura que los seguía— ¡Me puedo meter en ella y esa cosa al seguirme levantará agua y podrá ver dónde está! ¡Después le dispara!

Eduardo comprendió al instante la idea y dijo:

—¡Vale, yo me adelanto!

—¡Cuidado con darme a mí! —advirtió el hombre, quien daba muestras de agotamiento.

La motocicleta saltó sobre la vereda y enfiló recto por un sendero. Aplastó unas flores mientras Eduardo tocaba la bocina para indicarle a la gente que se hiciera a un lado. Aceleró hasta la laguna, procediendo a colocarse al otro extremo de ella y, pistola en mano, le gritó a las personas que estaban en las cercanías:

—¡Váyanse de aquí!

Ante la vista del arma todos le hicieron caso y pronto el lugar quedó vacío de gente. Con la pistola sujeta fuertemente entre sus manos aguardó la llegada del ciclista, el cual no tardó mucho en hacer su aparición. Agradeció la poca concurrencia de personas a ese lugar, pues en caso contrario la situación podría ser mucho peor.

—No falles, no falles —murmuró mientras apuntaba la pistola.

La bicicleta saltó el pequeño borde de la laguna y se introdujo en el agua. Su conductor se bajó a toda velocidad de ella y corrió hacia Eduardo. Tras él, una gran salpicadura lo seguía a poca distancia. La mira quedó centrada en el hombre y luego la desvió hacia un lado. Con la mano izquierda le hizo el gesto de que se apartara y el ciclista corrió a la derecha, dejando al descubierto el agua desplazada por la criatura. Perfecto. No era preciso el verlo para saber dónde estaba. Oprimió el gatillo al tiempo que se preguntaba si las balas lo detendrían, pues en caso contrario su suerte estaría echada. Era tarde para hacer suposiciones y continuó disparando hasta que escuchó un rugido y sintió que algo grande caía al agua. Luego, silencio. Temblando, se acercó a la laguna. El otro hombre estaba a varios metros junto a un banco. Los dos tiritaban de miedo.

—Parece... que le diste —dijo el ciclista, dando unos pasos hacia él.

Varias personas miraban de lejos sin poder comprender lo que acontecía.

—Pa-parece que sí —exclamó Eduardo, metiéndose en el agua.

Había una depresión en el líquido y se acercó a ella. Sin dejar de apuntarle, le dio un golpecito con el pie derecho. Sintió que le pegaba a algo sólido que afortunadamente no se movió.

—¿Está muerto?

—Eso creo —respondió, golpeándolo de nuevo con más fuerza. Miró al otro y preguntó—: ¿Cómo... apareció?

—Iba por un sendero y... vi un perro que gemía. —Se sacó el casco y algunas canas quedaron al descubierto. Con el dorso de la mano se secó el sudor—. Creí que estaba herido; pero al acercarme se levantó en el aire y saltó sangre de su panza. Imaginé que alguien lo atacaba, aunque no vi a nadie. Me confundí, no pensé, sólo arrojé una rama filuda contra el aire... y golpeé a... a eso. El perro cayó al suelo mientras escuchaba un bramido como de toro. Instintivamente di media vuelta en la bici y huí. Por el espejo retrovisor lo vi. Bajé echo una bala varios kilómetros, casi me mato en algunas curvas, con esa cosa pisándome los talones. Fue el mejor descenso de mi vida y nadie lo vio, ¡ja!

—¿Qué cresta era? ¿El chupacabras?

—Que me cuelgen si lo sé, mi cabo. Habrá que esperar a lo que diga la ciencia. —Sonrió un poco—. Esto nos hará famosos.

Eduardo asintió. Guardó su arma, preguntándose qué diablos iría a suceder ahora. Lentamente el sitio se iba llenando de gente.